Por Qué la Columna Cervical Superior (C0–C1–C2) Es Tan Especial: Función, Soporte, Protección y Beneficios Clave
- New York UCC

- 6 nov 2025
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Cuando pensamos en la columna vertebral, la mayoría de las personas imagina la larga estructura de vértebras que va desde el cuello hasta la parte baja de la espalda. Sin embargo, la columna cervical superior — la unión donde el cráneo se articula con C1 (atlas) y C2 (axis) — es diferente. Es una región estructuralmente única con una gran responsabilidad: sostiene la cabeza, permite un rango de movimiento fundamental y protege estructuras neurológicas y vasculares esenciales. Comprender qué hace que la columna cervical superior sea distinta ayuda a explicar por qué las lesiones o desalineaciones en esta zona suelen generar efectos desproporcionados, que pueden ir desde dolores de cabeza hasta síntomas neurológicos.

Por Qué el Complejo C0–C1–C2 Es Único en Relación con el Resto de la Columna Vertebral
Estructura Articular y Vertebral Atípica
C0 (Occipucio) – C1 (Atlas): El atlas no tiene cuerpo vertebral (no posee un bloque grande de carga) y carece de apófisis espinosa. Forma un anillo con masas laterales conectadas por arcos anterior y posterior. Estas características le permiten articularse con la base del cráneo (cóndilos occipitales) en lo que se denomina la articulación atlanto-occipital, la cual permite los movimientos de flexión y extensión del cuello (como al decir “sí”).
C1 – C2 (Atlas – Axis): El axis posee la apófisis odontoides (dens), una estructura en forma de pivote que permite que C1 gire, posibilitando el movimiento de rotación de la cabeza (como al decir “no”). La articulación atlantoaxoidea está asegurada por ligamentos fuertes — especialmente el ligamento transverso — que estabilizan este mecanismo de pivote. No existe disco intervertebral entre C1 y C2; en su lugar, esta articulación está diseñada específicamente para la rotación.

Movilidad Superior
Debido a su forma particular y a su configuración articular, las articulaciones C0–C1 y C1–C2 permiten un rango de movimiento mayor que las vértebras cervicales inferiores:
La flexión/extensión (“sí”) ocurre principalmente en C0–C1.
La rotación (“no”) se concentra en C1–C2 — casi la mitad de toda la rotación cervical proviene de este nivel.
La inclinación lateral y los ajustes finos también se facilitan mediante los ligamentos y las pequeñas superficies articulares.
Soporte Estructural Diseñado para el Balance entre Carga y Movimiento
Aunque son altamente móviles, también deben soportar el peso del cráneo y proteger estructuras internas delicadas. Su anatomía ósea (arcos, masas laterales), sus ligamentos y su musculatura están diseñados para mantener este equilibrio:
El atlas (C1) sostiene el peso de la cabeza y lo distribuye hacia el resto de la columna cervical.
Ligamentos como el ligamento transverso mantienen la apófisis odontoides de C2 firmemente estabilizada contra C1, evitando la compresión de la médula espinal.
Los forámenes (aberturas) por donde pasan arterias vertebrales, venas y nervios están especialmente dispuestos alrededor de C1 y C2 para permitir el movimiento sin estiramientos ni compresiones excesivas.
Su Función en el Soporte de la Cabeza y en la Protección de las Estructuras Neurológicas y Vasculares
Soporte del Peso de la Cabeza y del Movimiento
La cabeza representa una carga considerable (aproximadamente entre 10–12 libras en un adulto). C0–C1 soportan este peso mientras permiten una flexión/extensión suave (movimiento de asentir). Sin el diseño específico de esta articulación, cada gesto de inclinación generaría mayor tensión en las vértebras cervicales inferiores.
El pivote de C1–C2 permite la mayor parte del movimiento rotacional de la cabeza. Por lo tanto, el movimiento de girar la cabeza de lado a lado depende en gran medida de esta articulación.
Protección de las Estructuras Neurales
La médula espinal continúa a través del canal vertebral hacia el interior del cráneo, convirtiéndose en el tronco encefálico y posteriormente en el resto del sistema nervioso central. C1 y C2 se encuentran inmediatamente por debajo de la base del cráneo. Cualquier desalineación o lesión en este nivel puede ejercer presión sobre el tronco encefálico o la médula espinal, generando síntomas clínicos importantes.
El nervio espinal C2 emerge en la zona cercana a C1–C2 y proporciona sensibilidad a partes del cuero cabelludo, cuello y región auricular. Su compresión o irritación puede causar dolores de cabeza, dolor cervical o alteraciones sensoriales.
Protección de las Estructuras Vasculares
Las arterias vertebrales ascienden desde las arterias subclavias, atraviesan los forámenes transversos de las vértebras cervicales (generalmente ingresando a nivel de C6), continúan su recorrido por C1 y finalmente ingresan al cráneo a través del foramen magno. Su trayecto alrededor de C1 y sobre el arco posterior requiere movilidad sin tensión. Cualquier movimiento anormal o desalineación en esta región puede generar estrés sobre estas arterias.
Un flujo sanguíneo adecuado es esencial para el tronco encefálico, el cerebelo y las regiones posteriores del cerebro; su alteración puede ocasionar mareos, vértigo u otros síntomas neurológicos de mayor gravedad.
El drenaje venoso y las pequeñas ramas arteriales también atraviesan esta región; protegerlas de compresión o estiramiento es igualmente fundamental.

Soporte de la Columna Cervical Superior
El sistema de soporte de la columna cervical superior es una verdadera maravilla de equilibrio y precisión. Cuando funciona correctamente, permite libertad de movimiento, alineación óptima y protección de las vías neurológicas. Sin embargo, cuando este soporte se ve comprometido —ya sea por traumatismos, mala postura o cambios degenerativos—, las consecuencias pueden ser amplias. La falla del soporte de la columna cervical superior puede provocar dolor, reducción del rango de movimiento, síntomas vasculares o incluso irritación nerviosa.
Cuando Algo Sale Mal
Lesiones como fracturas de C1 o C2, o la laxitud de ligamentos (por ejemplo, el ligamento transverso), pueden generar inestabilidad. Esta inestabilidad puede poner en riesgo la seguridad de la médula espinal.
Enfermedades como la artritis reumatoide suelen afectar la zona C1–C2, dañando ligamentos o superficies articulares y aumentando el riesgo de compromiso neurológico o vascular.
La mala postura, el esfuerzo repetitivo o la desalineación pueden no causar daños catastróficos, pero sí pueden provocar dolores de cabeza crónicos, dolor cervical, reducción de la movilidad y síntomas neurológicos sutiles.
Referencias
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